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Aprender a aceptarse

Hace unos días te preguntaba en Instagram qué era para ti “tener estilo”. Tu respuesta no hizo más que reafirmarme en mi idea de que el estilo tiene más que ver con el ser que con el tener.  

Actitud. Atreverse a contar quién eres realmente. Necesitar poco para decir mucho. Simplemente ser tú. Apoyarse en tu armario para “andar en verdad”. Si las lees con atención, las definiciones de todas estas mujeres tienen dos cosas en común: que tener estilo trasciende al acto de vestirse –bien- cada día. Y que para atrevernos a mostrarnos tal cual somos, hay todo un trabajo previo de aceptación detrás. 

Aceptar tus imperfecciones, tus defectos, tu “lado oscuro”, tu cara B. De hecho, no hay estilo posible sin tener una percepción conjunta, objetiva y real de nosotras mismas, y eso incluye el cuerpo, por supuesto; pero también la mente.

En una sociedad ansiosa y enferma a partes iguales de perfeccionismo, asumir que no lo somos, es frustrante. Lo sé, porque a mí también me pasa. Porque nos pasa a todas. Muchas veces me cuestiono en qué estamos más interesados realmente: si en aceptarnos de verdad o en hacer creer a los demás que ya lo hemos hecho.

Y aunque lo único en lo que deberíamos ser todas iguales es en pensar que no vale la pena sufrir ni un segundo por no encajar en las etiquetas de los demás, como leía el otro día en el último editorial de la ELLE, lo cierto que es predicar es mucho más fácil que practicar y que solo una misma sabe contra qué monstruos lucha pare vencer el miedo a desnudarse, a mostrarse de verdad.

Aprender a aceptarse… Qué asunto tan farragoso y, a la vez, tan esclarecedor para nuestro estilo, ¿a que sí?

Creo que ponerte con ello solo puede traerte cosas buenas.  Pero si tuviese que quedarme solo con cuatro serían estas:

  • Revierte positivamente en tu autoestima.
  • Refuerza tu escala de valores.
  • Destierra –poco a poco- tus creencias limitantes.
  • Contribuye a que más mujeres empiecen a aceptarse a ellas mismas también.

Así que hoy quería hablarte de 5 ejercicios que pueden ayudarte a cambiar la percepción que tienes sobre tu cuerpo. Ese tipo de cosas que sugiero a mis clientas y que, por supuesto, son un esfuerzo también para mí. Podría decirte que funcionan a la perfección 😉 pero yo misma me encuentro “en proceso”.

1.Hazte amiga del espejo.

 ¿Cuántos espejos tienes en casa? ¿Cuántas veces al día te miras en el espejo? Te sorprenderías de la cantidad de armarios que veo que no tienen un espejo de cuerpo entero cerca. Lo peor es que cuando pregunto cuál es la razón, no saben qué responderme. ¡Ni siquiera se han planteado si necesitan mirarse o no!

Creo que los espejos están mal vistos debido a una teoría mal entendida de que quien se preocupa por su imagen es frívolo, egocéntrico o narcisista. O todo a la vez. Y, sin embargo, un espejo no muestra más que un reflejo de cómo eres por fuera y puede darte muchas pistas acerca de cómo te miras a ti misma.  (Normalmente con más crueldad de la que deberías)

En el manifiesto Toca Tacón incluí la frase “mírate, remírate y admírate ante el espejo” porque me parece muy reveladora para conseguir sacar hacia afuera, cómo eres y cómo te sientes por dentro.

Así que cuánto más vistazos te eches en el espejo, más descubrirás sobre ti, sobre lo que más te gusta de tu cuerpo y lo que menos, sobre la imagen real que proyectas y la imagen ideal a la que aspiras. Cuanto más y mejor te conozcas, más seguridad transmitirás. ¿Con qué frecuencia te miras en el espejo?

2. Viste a la mujer que eres HOY…

 …sin perder de vista a la mujer que quieres ser mañana.  

En muchas ocasiones, nos resistimos a asumir que nuestros cuerpos cambian, que nuestra vida cambia. Me encuentro muchas mujeres con armarios absolutamente inútiles para quiénes son AHORA. Mujeres que cambiaron de talla y siguen sufriendo sin sentido con esos vaqueros que les constriñen. O que han dejado de sentirse cómodas en unos tacones pero que no se atreven a sacarlos del armario por miedo a sentirse “vacías” sin ellos. O que ya no se sienten identificadas con ese halo tan (pon aquí el calificativo que quieras) y tan suyo de veinte años atrás y se sienten disfrazadas.

El estilo está en constante evolución. Y también tiene sus momentos de “crisis existencial”. Esos en los que te sientes muy perdida porque ya no te sirve lo que has venido haciendo hasta ahora pero no sabes ni qué buscar ni por dónde empezar. Esos, que bien mirados, pueden transformarse en una oportunidad para seguir avanzando.

En estos casos, hay solo dos alternativas: huir hacia adelante e ir cambiando el dial hasta que sintonices la canción que te apetezca bailar o volver atrás para recoger los restos del “naufragio” y empezar de cero “con lo puesto”. Curiosamente, en ambos casos, lo que pueden parecerte pasos atrás se convierten en una vuelta a tu estilo más auténtico.

3. Busca referentes que te hagan “sentir grande”.

A ver si consigo explicarlo bien para que se me entienda. Hay personas que, no sabes muy bien por qué razón, hacen que te sientas pequeña. Seguro que no lo hacen aposta y probablemente ni siquiera sean conscientes de los efectos que causan en ti, a lo mejor tampoco son los responsables, pero te despiertan una sensación de… que no.

Bernardo Stamateas los denomina gente tóxica, pero no quiero exagerar, así que yo los llamo nubes grises, porque son como esos días raros en los que… no. Te roban la energía, te fatigan el cuerpo, te agotan la mente, te inundan de inseguridad, te desgastan los sueños, te quitan las ganas… Bueno, creo que queda claro.

Pero, ¿y cuando te codeas con gente justamente al revés? Elemental, querida Watson.  Pues que ocurre precisamente lo contrario. Te dan alas, te ayudan a creer, te inspiran para crear, te alientan a seguir, te motivan para superarte…

Rodéate de buena gente que te haga la vida más fácil. Los reconocerás por su sonrisa, su generosidad y sus ganas de colaborar. Y abundan, en serio. Solo hay que pararse a observar bien.  

4. Dejar de juzgar el cuerpo de otras mujeres.

Cada vez que emitimos un juicio introducimos una variable con la que hay que tener mucho cuidado: la comparación. Y normalmente lo hacemos atendiendo a cánones de belleza o modelos de éxito preestablecidos que, para más inri, no se nos ajustan. Es una espiral en la que es muy fácil caer y muy difícil salirse.

Compararse es medirte respecto a otra persona en términos absolutos. Y lo peor de todo es que solemos hacerlo entre nuestros puntos débiles y los puntos fuertes del otro. ¿Acaso es eso justo?

Por fijarnos en lo bonitas que están las flores del jardín del vecino, se nos olvida regar el nuestro. Así que si en tu camino se cruza alguna persona que consideras que es mejor que tú o que hace las cosas mejor que tú, en lugar de compararte, aprende lo mucho que puede enseñarte.

A veces tengo que hacer verdaderos esfuerzos por no creerme el tópico de que las mujeres somos nuestro peor enemigo. Al final, aceptarte a ti misma empieza en aceptar a los demás y creo que necesitamos con urgencia hacer un intento por juzgarnos menos y apoyarnos más.

5. Háblate con respeto.

Aceptarse a una misma se consigue con constancia y práctica. Y nuestro crítico interior es un mal compañero de fatigas que nos juega muy malas pasadas. Le permitimos que nos trate de formas que no le consentiríamos a nadie más. Eres fea, estás gorda, ¿dónde vas así?, ¿quién te has creído que eres?, perdedora, no lo vales, fracasada, no serás capaz…  

Desde hace unos meses, todos los días me digo una cosa bonita. Y día tras día voy consiguiendo poner el foco en lo positivo. Esto me ha dado mucha paz mental porque soy de las de hacer listas largas y olvidarse de vivir y solía castigarme por lo que me quedaba por hacer sin darle la importancia que tiene a todo lo que había hecho ya.

En esto de la aceptación, lo admito, ya ves, me queda largo camino por andar. ¿Y a ti? ¿Compartes por aquí algún truco que pueda servirnos a las demás?

El secreto de tu estilo está en tu armario
y yo puedo ayudarte a descubrirlo.

¿Preparada para tener
MÁS ESTILO CON MENOS ARMARIO?

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  1. Elsa

    ¡Cuántas verdades! Sobre todo lo de quererse un poco más y hablarse con respeto ¡no ser tan duras con nosotras mismas! Esencial quitarse a esas “nubes negras” de encima y rodearnos de gente que nos haga la vida fácil… para mi ha sido la clave! Buenos consejos, gracias!

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  2. Silvia

    Un post muy oportuno…y también me cuesta creer en las casualidades 😜. Cuando dices eso de “en qué estamos más interesados realmente”, añadiría que también nos hacemos creer a nosotras mismas que ya lo hemos hecho. Desnudarse de una manera sincera es muy complicado y aún más aceptar esa desnudez. Yo creo que en un proceso tan largo y complejo como es la aceptación hay que rodearse de cosas bonitas, cosas que nos hacen sentir bien, guapas y divinas: llevar una bonita pedicura, un corte de pelo especial, un anillo con el que tus manos y tus gestos se ven diferentes, esos labios rojos, un café con alguien que aporte luz. Y no olvidar que es una carrera de fondo (gracias weloversize.com) y que habrá días de todo.
    Me encantó el post! Besos

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Estoy totalmente de acuerdo contigo, es un camino largo, difícil y encima tendemos a autoengañarnos a veces, pero ¿y la paz que nos llevamos cuando lo conseguimos? Muchas gracias Silvia! Un abrazo fuerte!

      Responder

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