Artículos en esta categoría: Mis historias

12 meses para ser más sostenible

Cuando decidí abrir este blog, no era consciente de haber iniciado una re-evolución propia. Empecé reorganizando mi armario sin saber que tener menos ropa me transformaría por fuera, pero también y para mi sorpresa, por dentro.

Comprobé entonces que mi propio estilo era una poderosa herramienta de autoconocimiento, de comunicación y de bienestar, pero nunca llegué a intuir que este primer paso llegaría a convertirse en un cambio tan trascendental en mi estilo de vida y terminaría convirtiéndome en una mujer cada día más minimalista.

Cuando abrí este blog, no era consciente de que, en el simple gesto de abrir las puertas de mi armario, acabaría teniendo muchos encuentros conmigo misma; una serie de serias conversaciones que hicieron que mi centro oscilara del tener al ser y que me llevaría a darme cuenta de que es muy factible vivir con menos, pero vivir mejor.

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De soltarse las canas

“¿Duele?”, me preguntó asomando su carita a través de la puerta del baño. Estaba depilándome las piernas cuando mi hija apareció en escena. “Bueno, un poco”. “Y entonces, ¿por qué lo haces?” añadió. Y cuando buscaba una respuesta, no la encontré.

A mi mente vino entonces un recuerdo evocado de casa de mis abuelos, de cuando era muy pequeña. El olor a cera al baño maría. La imagen de mi madre y a mi tía ayudándose entre sí a “quitarse los pelos” de la axila, de las ingles, del bigote, de las piernas. A puntito estuve de soltarle ese “cariño es que para estar guapa hay que sufrir” pero me lo tragué. A lo mejor es que no me dio tiempo, porque se me adelantó con un “pues si duele, yo no pienso hacerlo cuando sea mayor”. A lo mejor es que las mujeres ya nos los hemos tragado por mucho tiempo.

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La peor emprendedora del mundo

Ocurrió en febrero, en el primer encuentro de Extraordinaria, y esas palabras supusieron un dardo directo al corazón. “Dejar de hacer bromitas para empezar a hacer negocios”.

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