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Cuando el estilo entra en crisis

Existen las crisis de pareja, las personales, las de identidad, las existenciales, las espirituales, las laborales… Sí, también hay crisis de estilo. Y curiosamente están muy vinculadas a cualquiera de las anteriores que, a su vez, suelen estar muy relacionadas con momentos de cambio, con nuevos acontecimientos vitales o con descubrimientos que hasta entonces desconocíamos o ignorábamos, sobre todo de nosotras mismas.

No llegan de golpe, aunque a veces son tan silenciosas que nos cuesta mucho identificar cuándo han empezado. Digamos que se van colando con sutileza en nuestros armarios haciendo que nos sintamos algo incómodas.

Pero cada una tenemos una capacidad para percibirlas, un nivel de tolerancia para aguantarlas y un umbral de dolor distinto para sufrirlas. Eso sí, si no las atendemos, aunque nos parezca que se callan, van haciéndose sigilosamente cada vez más grandes.

De alguna manera nos van indicando que lo que hemos venido haciendo hasta ahora ha dejado de servirnos. Nos resulta insuficiente. Ya no nos satisface. No nos encaja. Esto nos desorienta, nos inquieta, nos desespera, porque no sabemos bien qué hacer. Y eso nos pone frente a frente con nuestra propia vulnerabilidad; sacando a relucir nuestros miedos, nuestras inseguridades y nuestras dudas.

Sin embargo, allá donde hay crisis existe una oportunidad de crecimiento. En realidad, solo vienen a hacernos de espejo. Y a ponernos a prueba. Si nos atrevemos a transitarlas, aunque nos asuste, podremos sacarnos alguna que otra piedra de la mochila, alguna que otra china del zapato, quitarnos una capa más y profundizar un poquito más en quienes somos en realidad. 

Las crisis de estilo, como todas las demás, se producen por un choque entre nuestras expectativas (¡ay! todos esos “se supone” cuánto daño nos hacen, ¿verdad?) y nuestros verdaderos logros.

¿Quieres saber si tu estilo está en crisis?

Ninguna podemos escaparnos de nuestras propias crisis de estilo. A lo largo del tiempo, yo también he tenido las mías. Y, aunque son inevitables, con ese mismo tiempo, he aprendido a detectar cuáles son los síntomas de las mías. ¿Tú las vives así también?

  • Repites ropa sin parar. Y no hablo de empezar a cansarte de tus looks infalibles, esas combinaciones con las que hasta ahora te habías sentido cómoda en tu piel o te habías visto guapa. Te hablo de que comienzas a ponerte lo mismo día tras día en un «día de la marmota» sin fin.
  • Tu armario “te queda grande”. Se hace más evidente que te sobra mucha ropa y que nada de lo que tienes dentro termina de convencerte plenamente.
  • Te cuesta más rematar tus looks. No tienes ganas de “rizar el rizo” con los zapatos o te olvidas de los detalles tan personales que aportan al conjunto esos pendientes o ese collar. Sientes que tu versión “descafeinada” lo está contagiando todo.
  • Te descuidas. Vuelves a vestirte solo con tus básicos o te alineas con los neutros. A tus looks les falta color y empiezas a sentir que tu estilo es “muy gris”. Es más. Si los tenías, esos rituales en torno a tu ropa con los que antes disfrutabas tanto -por ejemplo, prepararte tus looks la noche anterior, ordenar tu armario con cierta frecuencia o dedicarte un tiempo para explorar nuevas combinaciones- se vuelven pesados. Tediosos. Y tú solo quieres saltártelos. O te los saltas, directamente.
  • Te cambias mil veces de ropa porque no te sientes cómoda con nada. Todo te molesta; te pica, te aprieta, se te cae, te baila, te da frío o mucho calor. Así de literal.
  • Tus “no sé qué ponerme” se disparan. Prima más tu sensación de no hacer el ridículo por cómo vas vestida que la ilusión por disfrutar de la fiesta. Se te hace todo cuesta arriba porque no te ves bien con nada.
  • No te apetece comprarte nada nuevo. Si necesitas renovar algo, no lo encuentras. Si compras algo sabes que, aunque intentes justificártelo, no te emociona nada.
  • Aflojas en las decisiones que tomaste. Ese vestido estampado ya no te parece tan bonito, dejarte las canas ya no resulta tan buena idea, te cuestionas por qué te gastaste ese dinero en esa camisa, etc. Y lo peor dudas de que tienes estilo. Bueno, en realidad, dudas hasta de ti misma.
  • Evitas el espejo. Total, para verte así, mejor no mirar.
  • Mirar a las demás ha dejado de motivarte. Donde antes encontrabas inspiración para tu propio estilo, ahora solo te genera emociones negativas: envidia, pereza, rabia, asco, culpa, pena… Inferioridad, complejos, comparación y frustración, en definitiva.

Lo peor de una crisis, de las de estilo también, es que si no nos damos el permiso de parar a escucharlas, las iremos concatenando unas tras otras hasta tocar fondo. La buena noticia es que, desde ahí abajo del todo, solo puedes ir hacia arriba, pero ¿es de verdad necesario? ¿No podemos ahorrarnos algo de “sufrimiento”? ¡Sí que podemos!

Tratamiento para un estilo en crisis

Es cierto que no existen ni recetas mágicas ni una cura estándar para todas, pero han sido estas píldoras -en monodosis o mezcladas con cierta alternancia- las que me han servido a mí misma y a las mujeres con las que trabajo para poner fin a sus crisis de estilo. ¿Te apetece que encontremos juntas tu propia dosis?

Arriesga

Atreverte a probar cosas nuevas es mi medicamento preferido. Porque detrás de cada crisis de estilo hay una motivación para hacer un cambio. ¿Cuál es esa barrera que te gustaría romper? ¿Qué te da miedo? ¿Qué te frena para intentarlo? ¿Qué te gustaría hacer de tu estilo?

Puede ser un nuevo peinado, o un color que jamás se te hubiese ocurrido que te sentaría bien, o un estampado, o un tipo de prenda que nunca en la vida habría sido tu primera opción.

Permítetelo. Deja que tu estilo, que lo tienes, te sorprenda. Es la mejor manera, y a mi juicio la más rápida, de romper tu miedo a mostrar por fuera quién eres por dentro. Y la puerta de acceso a otra gran pregunta: ¿Quién eres en realidad?

Priorízate

Muchas de las crisis de estilo terminan de golpe y plumazo cuando te pones a ti misma en el centro de tu vida. Ya nos lo contó Marta: “Para cuidar de los demás, primero tenemos que cuidarnos a nosotras mismas”.

A veces, todo lo que necesita tu armario es que te dediques algo de tiempo exclusivamente para ti. A estar contigo a solas. A hacer lo que te de la gana. Y también a ser, sin más. Tú ya me entiendes…

Apaga el ruido de fuera

Así podrás escuchar con más nitidez qué es lo que tiene que decirte la voz de dentro. Y si no sabes muy bien cómo empezar ese diálogo interno que a veces nos asusta tanto, aquí tienes muchas preguntas que te ayudarán a reflexionar sobre tu propio estilo.

Estamos bombardeados por muchos inputs externos y no todos ellos nos hacen sentirnos bien, ¿verdad? Si notas que, de algún modo, algo de lo que te rodea te provoca rechazo, te bloquea o te desconecta, aléjate. Es mejor salir corriendo que dejarse la inspiración en el camino. O en palabras de Nuria Roura, “cuando la autoestima baja, la comparación sube”.

Acepta que se trata de un proceso

Tu estilo evoluciona contigo y, te guste o no, es tu compañero en la vida. Y suele tener mucho que contarnos; sobre todo en esos tramos en que el camino se vuelve más difícil. Por eso también tiene sus altibajos; lo perdemos, volvemos a encontrarlo, damos pasos hacia delante y también pasos hacia atrás.

Verlo como un proceso, y uno ciertamente muy creativo, libera mucho, ¿no crees? Porque nos da lecciones de valor, de encantamiento, de compromiso, de persistencia, de confianza, de amor…. Y también de decepción, de error, de renuncia, de fracaso y de frustración.

Tomarnos con sentido del humor y no como un bochorno cuando no acertamos al elegir nuestros looks es un buen antídoto para insistir en el aprendizaje del proceso y quitarle peso a la importancia del resultado. En realidad, si te tomas tu proceso como un juego, volverás a divertirte vistiéndote más rápido.

Simplifica tu armario

O la alquimia por la que deberían empezar las mujeres “en crisis” que son más visuales. De esto hasta tenemos un curso y todo, donde lo hacemos paso a paso, con guía y con puesta en común. 😉

Enfrentarnos a un armario que no está adaptado a nosotras nos obliga a revisar, a elegir y a tomar decisiones acerca de la ropa con la que nos sentimos identificadas.

Porque muchas de nuestras “crisis de estilo” arrancan porque nos sentimos confundidas con demasiadas opciones. Fatiga de decisión, lo llaman algunos. Si te animas con otro reto, con el reto RE podrás hacer una revisión de armario en tan solo 5 días dedicándole menos de una hora.

A finales del año pasado, tuve mi última crisis de estilo. Estas fotos que me hizo Emilio llevan guardadas en mi ordenador desde entonces, pero han encontrado cómo salir a la luz de una manera que no esperaba; que nunca me hubiese imaginado vaya.

Me parecen mezclas horripilantes, pero descubrir tu estilo, también es esto. Y merece ser contado. Me he permitido reabutizarlos como:

  1. El “look Leiva”, con el que me sentí disfrazada, trasnochada y absurda. ¡Leiva, perdóname!
  2. El “look Peter Pan”, que me sirvió para darme cuenta de que estos vaqueros han dejado de sentarme bien.
  3. El “look descafeinado de máquina”. Sin azúcar, gracias. Y póngame un vaso de agua. Es decir, sin gracia, ni chispa. Aburrida, incolora, sosa. Ay!

La buena noticia es que las crisis de estilo se superan. Y que se «sale» antes de ellas cuando las reconoces y te pones en movimiento. Y que este próximo 30 de marzo tienes la oportunidad de dar un primer paso en Barcelona. Y de hacerlo además acompaña. En realidad son cuatro buenas noticias.

¡Venga! ¡Dispara tú! ¿Estás en crisis con tu estilo ahora? ¿Cuándo fue la última? ¿Cómo la «superaste»? ¿Qué probaste y no te funciono? ¿Qué nos recomiendas hacer?

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  1. Mayte

    Ay, Ana. Cuando abro el armario y todas mis blusas y camisetas son blancas o negras y me pongo vaqueros 2 días seguidos, pienso «Hostias, bonita, ya estamos». O cuando me miro al espejo y me siento disfrazada.
    Limpiar el armario duele, sobre todo cuando sale ropa que te compraste con ilusión y ahora piensas «Pero por qué me gasté dinero en esto».
    Ahora estoy en una crisis de estilo y lo primero que he hecho es coger libreta y boli, apuntar cuántas prendas tengo de cada tipo y color. Hoy revisaré el estado de cada una y empezarán a salir bolsas de ropa. Con lo que quede empezaré a mirar revistas, Instagram y catálogos para inspirarme y empezar a probarme y comprar, con la regla de que cada prenda que entre debe combinar con 3 que ya tenga.

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Como me gusta leerte siempre Mayte. Tu crisis de estilo de hoy está muy ligada a tu momento vital de cambio. Pero pasará. Sigo dándole vueltas a ese post que tengo pendiente en exclusiva para ti y para Susana Torralbo 😉 pero me faltan las fotos! Espero tenerlo prontito, de verdad. A ver si así te ayudo a que le des la vuelta cuanto antes, aunque como siempre te digo eres alumna aventajada. Mira todo lo que me escribes! Te aplaudo por cada avance! Y te animo! Lo estás haciendo genial! Y te mando un besazo enorme!

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      1. Mayte

        Vestirse en un embarazo es difícil, sobre todo si no quieres comprarte (mucha) ropa premamá que suele ser más cara y sosa. Te ves como una mesa camilla con facilidad y te aburren los leggins. No hay otra que probarse muuuucha ropa y ver los cortes que favorecen y los que no, bajarse de los tacones y pensar que es una etapa.

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  2. Sagra

    Como siempre las palabras adecuadas, ni una más ni una menos, tejidas para engancharnos, inspirarnos, enseñarnos, divertirnos también, aprender de ti, contigo.

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Mil gracias por tanta palabra bonita Sagra! Para todo eso estamos aquí! Me alegra mucho que te llegue de esta forma. Te mando un abrazo enorme de vuelta!

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  3. Cris

    Yo tuve una crisis de estilo hace unos años, coincidiendo con una ruptura de pareja un tanto dura (después de 12 años), pero te encontré a ti… Y conocerte me llevó a encontrarme a mí. Pasé por muchas de las cosas que cuentas, siempre llevaba los mismos conjuntos, me había abandonado a comprarme nada bonito (sólo tiraba de ofertas), me cambiaba mil veces de ropa y luego volvía al conjunto de siempre (el uniforme lo llamaba 😂😂), el no sé qué ponerme se instaló en mi vida y en mi armario… Al encontrar tu blog descubrí que en mi armario sobraban mucha mucha ropa, pero sobre todo que yo había cambiado y por ello mi estilo debía hacerlo conmigo. Fue fantástico y aún sigo en proceso, pero me encanta cada vez que me pongo algo y me reconozco en el espejo, es genial!! 🙂🙂🙂🙂

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      GRACIAS Cris! Así en mayúsculas. Me ha emocionado mucho leer tu comentario y que de alguna manera ese conocernos te haya llevado a encontrarte. Me siento muy honrada de haber podido contribuir a que te pusieras en movimiento y a que ese proceso tuyo no deje más que mejorar. WOW! Eso sí que es absolutamente fantástico! Un besazo enorme y de nuevo, GRACIAS!

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  4. Karina

    Querida Ana, acabo de descubrirte y este post me ha venido como caído del cielo. Creo que estoy en una crisis de estilo y me aferro a prendas que hace mucho no utilizo y con las que no me siento identificada por no querer aceptar que Ya no soy la misma de hace unos años y que no pasa nada por avanzar.
    Gracias por compartir contenido de tanta calidad.
    Un abrazo

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Cuántísimo me alegro de que nos hayamos descubierto y de que lo que escribo te aporte. Además de este post, encontrarás otros muchos que, sin duda alguna, te ayudarán a dar la vuelta a tu situación.

      Y con cualquier cosa que necesites, ya sabes, siempre puedes silbarme!

      Otro abrazo enorme de vuelta!

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