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Historias llevadas: Susana Torralbo

Cuando pienso en ella, la palabra estilo adquiere un matiz especial. El de luz. El de color. El de sabor auténtico. El de olor a creatividad. El de tacto a perfecta imperfección. El de confeti, que diría ella. Un confeti que no es más -ni menos- que el símbolo de “las ganas de celebrar hasta lo más pequeño, la alegría de vivir, el entusiasmarte por tus pequeños logros, sean los que sean, el de la personas normales que se convierten en el motor de sus propios sueños”.

Creo que una mujer ha descubierto su propio estilo en el momento en que éste se expande y lo toca todo lo demás; cuando percibimos algo y rápidamente nos recuerda a ella; cuando pensamos aquello de “es tan tú”. Y Susana Torralbo es un vivo ejemplo de que se puede. De que todas podemos conseguirlo. De que todas deberíamos intentarlo.

Tal vez sea porque Susana es absolutamente reconocible en todas las versiones que es ahora mismo; publicista, fotógrafa, diseñadora de webs, filóloga, escritora, contadora de historias… Y aunque me diga entre risas, que lo único que queda claro, después de todos estos títulos, es que no sabe elegir, puestos a quedarse solo con una, que sea la última.

“Me conformo con ser contadora de historias. Porque es así como concibo gran parte de lo que hago; ya sea una foto, un texto, una campaña o una web”. Lo que tengo claro es que sabe contar quién es a través de lo que lleva puesto. Y me atrevo a añadir que es de esas mujeres que dejan huella, aunque la mayor parte del tiempo lo haga sin querer.

Si decidí proponerle que me contara una de sus historias llevadas fue porque me pareció que tiene muy clara cuál es su voz y quería que compartiera contigo y conmigo dónde la encontró ella y dónde podemos ir a buscarla las demás.

“Esa voz está muy cerca, mucho más de lo que solemos creer. Está justo debajo del pánico escénico, de tus barreras y de la preocupación excesiva por no resultar lo suficientemente creíbles. Tu tono de voz está en el rincón en el que guardas esa tarde de tapas con tus amigas, esa charla de sofá con tu pareja o los ratitos con tu madre. (…) Es tu yo de vacaciones”.

Y aunque nuestra conversación nos llevaba una y otra vez al contexto de emprender, creo que podrías extrapolar sus palabras sin problema a la búsqueda de tu propio estilo. Cambia tono de voz por estilo y… ¡lo tienes!

Si ya la conoces, sabrás que desde hace un poco ha montado su guarida creativa en un loft muy cool, que podría llevarte a pensar que es una pija de postín, pero si bien el hábito no hace al monje, su casa tampoco. “Me crié en un barrio muy humilde y, sobre todo, muy duro, tal vez demasiado para alguien sensible y con el corazón blandito como el mío. Por eso los libros fueron siempre mi gran refugio”.

Aunque ahora, a la hora de recomendarme un libro me hable de Viaje Olvidado, de Silvia Ocampo, que, según ella, es la mejor cuentista de todos los tiempos y que, cumpliendo con el clásico, murió sin haber obtenido el reconocimiento que sí tuvieron sus coetáneos del género masculino, “a los 8 años ya leía Kafka cuando regresaba del colegio”.

El absurdo mundo de La metamorfosis o El proceso le ayudaron a lidiar con el suyo real. “Mi mundo del revés, en el que ser amable, sacar buenas notas y conseguir becas era lo raro y lo malo”. Y es que volcó en la lectura sus ganas de volar y trascender más allá de lo que conocía en su infancia y adolescencia. “Así me olvidaba de que dos pisos más arriba mi vecina y su marido extorsionaban a menores de edad o me mantuve alejada del menudeo que se organizaba cada tarde en la esquina de mi calle”.

Me confiesa que la persona más importante en su vida es su madre y que serlo ella misma es uno de sus retos pendientes. Y aunque admire muchísimo a su madrina, “que a los 70 años le dio por escribir libros y pintar cuadros, y a los 83 debutó en un teatro rodeada de actores de veintipocos”, su historia llevada va de sombreros y de su abuelo. ¿Te apetece leerla?

Susana me recomendó poner Across the Univers, de The Beatles, como banda sonora de fondo mientras la lees, pero ya sabes que mi pasado fue más grunge, así que te propongo esta cover, con la intención de sorprenderos a las dos. ¡Dale al play! 😉

“Siempre he pensado que hay palabras, frases o comentarios que entierran semillas secretas en nuestro interior. Semillas que terminan formando parte de quiénes somos y cómo vemos el mundo. Mi historia llevada, por muy extraño que parezca, va sobre una de estas semillas recónditas que, alimentada por mi imaginación, el amor y el paso de los años, se convirtió en una costumbre de raíces fuertes y profundas.

Cuando era pequeña, después de un corte de pelo monumental, mi abuelo Antonio, mi favorito, me dijo que tuviera cuidado porque mis ideas podrían irse volando para no volver nunca más. Lo dijo entre risas, pero con esa mezcla de autoridad moral que otorgan los años y el amor de quien te escucha, así que le creí a pies juntillas. Corrí hacia mi cuarto en busca del primer sombrero que encontré, loca por evitar el riesgo inminente de fuga de ideas y quedarme en blanco justo la semana en que tenía que hacer una redacción, un mural y un control de matemáticas. Como imaginarás, mi abuelo asistía al espectáculo encantado con su poder de convicción, tanto que la historia dio para amenizar años y años de sobremesas familiares.

Murió cuando cumplí los 15, así que no pudo ver que con el tiempo me convertiría en publicista, que las ideas terminarían siendo mi materia prima y que me planto un sombrero cada vez que tengo que pensar en una campaña importante. Pero sé que, si me viera ahora, de esta guisa frente al ordenador, entre broma y broma, entendería que ya no se trata de las ideas. Y que lo único que atrapo bajo el sombrero son los recuerdos del tiempo que coincidimos juntos en este mundo.

El sombrero de las fotos, por cierto, es un canotier precioso que me regaló una clienta, Mónica, de Vi&Bi. Y aunque ella lo diseñó para bodas y ocasiones especiales (y seguro que se espanta cuando vea que me lo pongo hacia atrás, como si viniera de coger flores por el campo), yo aún no he tenido ocasión de lucirlo fuera de casa. Eso sí, dentro, entre estas 4 paredes, no he dejarlo de usarlo. En él se han gestado muchas de las ideas que he tenido últimamente. Así que puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que ya es un sombrero con historia”.

Espero que Susana no se olvide de meter en la maleta este sombrero para hacer ese gran viaje, que es uno de los sueños que le quedan por cumplir. De lo que estoy convencida es de que su abuelo se sentiría muy orgulloso de ella si estuviese aquí.

Me gusta imaginar que él también luce un sombrero, quizás uno panameño, que es muy de abuelo bailongo, y que le quita hierro al mayor de los miedos de Susana: envejecer.  “Pero no lo digo en plan Sara Montiel, jajajaja. Es más bien miedo a sentir que ya no tengo toda la vida por delante, que ya no hay tiempo en mis manos y una nada estupenda plagada de posibilidades”.

Le pregunto que, llegado el momento, qué le gustaría que pusiera en su epitafio. “¡Uy, qué complicado!” me responde. Yo matizo. ¿Por qué te gustaría ser recordada?, lanzo entonces. “Por haber disfrutado la vida a cascoporro. Así que, si tuviese que elegir una palabra no va a ser un calificativo que me encumbre al Olimpo de las almas cándidas ni de las personas exitosas. Te diría que mi palabra es un sustantivo que aglutine el gozo y el disfrute sin preocupaciones: despiporre”.

Es irremediable que, con Susana, no vuelva al principio. A que tener estilo es más fácil si está  alineado con quién eres, con tus valores y con tus sueños, con tu forma de entender la vida y con tu manera de hacer las cosas. Porque sé que para ella este año ha sido duro. Muy satisfactorio, pero duro.

Porque, como bien dice, se puede morir de éxito, pero de un éxito mal entendido. Porque para ella el éxito “no es sinónimo de tener una alta demanda ni mucho trabajo. Y ni siquiera es sinónimo de facturar una barbaridad. Para mí, está más relacionado con lo que haces cuando no trabajas y con tener el tiempo y las comodidades que necesitas para hacerlo”.

Ella con su sombrero puesto y yo me quito el mío para confirmarle que me pega en la nariz que saber de dónde vienes y adónde vas, tiene mucho de estilo, de crecimiento y de éxito.

Y no puedo evitar sentir que alcanzo un poquito más de esas tres cosas por haber tenido la oportunidad de compartir este ratito con ella para poder contarte la historia llevada de la gran Torralbo, como suelo llamarla, esta mujer, amiga y compañera, a la que admiro tanto. ¡Gracias Susana por darte y darme tanto!

P.D.: La foto del Manifiesto Toca Tacón que tienes justo abajo y que tantas alegrías me ha dado fue el primer regalo que me hizo Susana. Creo que gracias a él empezó lo nuestro. 😉 Y desde entonces ni ha dejado de crecer, ni ninguna de las dos hemos dejado de avanzar. ¡Y lo que nos queda!

El secreto de tu estilo está en tu armario
y yo puedo ayudarte a descubrirlo.

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      ¡Cuánto me alegro Dolor! Viniendo de ti, me lo tomo como un gran cumplido. Ya sabes que tu proyecto me tiene totalmente conquistada. ¡Otro abrazo de vuelta!

      Responder
  1. Sara Celaya

    ¡Qué delicia de artículo! Fascinante conocer a Susana a través de esta historia llevada, de su estilo y también de cosas que desconocía y que me ha encantado descubrir como las has contado. Un abrazo Ana 🙂

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Muchísimas gracias a ti por pasarte a decírnoslo, Sara. La verdad es que Susana es mucha Susana. ¡Otro abrazo enorme de vuelta para ti!

      Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      ¿sí verdad? ¡¡Y mira dónde estamos ahora!!
      Esa cover también es fantástica. Gracias por incluirla. Así cada una que lea la historia con la BSO que más le plazca. ¡Más besos Eva!

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  2. Un bello día

    Es una historia dura y bella, que honra a quien la ha vivido, ya que abstraerse de la marea negra que amenaza arrastrarte y sobrevolar tan oscuras amenazas, es, como mínimo, para aplaudirlo y recrearlo como ejemplo a seguir… Un viejo policía (por años de servicio y por edad) me dijo una vez que a él no le daban excesiva pena los que viviendo rodeaos por la miseria (moral) y el delito, caen en ambas cosas. Sino que le reconfortaba y le animaba comprobar cómo otros lograban salir, luchar, dejar atrás… sin caer. Suena duro, pero quien me lo dijo no lo era en absoluto, sino una persona que hizo mucho bien, en la medida que le era factible.

    Hay una frase que me ha resultado tristísima… “el matrimonio vecino que extorsionaba a menores”…. Todo lo referente a los niños me resulta durísimo de asumir (no lo asumo) y el que haya pasado hace veinte o x años y Susana hable en pasado no deja de hacerlo menos espantoso. Porque no sé hasta qué punto han cambiado las cosas en el planeta. Creo que poco. Es lo más trágico de esta historia. Susana vuela lejos, libre, alto… Y hoy, hay niños que deben refugiarse en su mente y en un cuarto donde quiera Dios (y hagamos algo los demás…sí, pero ¿qué….?) no lleguen a entrar nunca “los hombres malos”.

    “Cuando quiero llorar no lloro… y, a veces, lloro sin querer”. Con rabia. Como ahora. Porque de nada sirve.

    Como siempre, gracias, Ana.

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