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La peor emprendedora del mundo

Ocurrió en febrero, en el primer encuentro de Extraordinaria, y esas palabras supusieron un dardo directo al corazón. “Dejar de hacer bromitas para empezar a hacer negocios”.

La autora de esta cita no es otra que Paula, la nariz que todo lo huele en The Singular Olivia. Y no pude evitar tomármelo como algo personal. Aquí llega el disparo. Tocada y hundida. ¿Qué es lo que estoy haciendo mal?

Pero la vida tiene estas cosas, que te da una de cal y otra de arena. Después de pasar un día rodeada de mujeres emprendedoras extraordinarias sintiéndome la peor emprendedora del mundo, me presentaron a Gloria. Y me reafirmé en tres cosas: que, como decía Steve Jobs, los puntos se conectan hacia atrás y tú solo puedes limitarte a confiar en que se conectarán alguna vez en el futuro, que las casualidades no existen, y que lo que sí existen son las hadas madrinas.

Las hadas madrinas aparecen cuando menos te lo esperas y cuando más las necesitas. Todas tenemos al menos una y, no te lo creas, nunca llevaron varita. No conceden deseos, pero sí que tienen un don; el de ser capaces de ver en ti eso de lo que hasta tú dudabas que tenías, o que eres, que es todavía más importante.

Si las tienes cerca, te contagias de su luz. Si están lejos, las sientes cerca. No acudirán en tu ayuda si las llamas, porque te habrán prestado sus alas para que puedas volar. Y te enseñarán a coser las tuyas si se te rompen, para que puedas emprender el vuelo de nuevo. Son alimento, son refugio y son maestras.

Gloria primero fue clienta, después mentora, luego confidente y ahora se ha convertido en jefa, y desde el principio la he sentido como una amiga. Y me ha costado todo un verano entender que los pasos atrás que damos solo están en nuestra cabeza. Si aprendes a darles la vuelta, en realidad, no se trata más que de una serie de pasos más. Y aunque todavía no lo termino de sentir así, me atrevería a decirte que hasta son pasos hacia adelante.

Pero empecemos por el principio. Lejos de lo que pueda parecer “desde el otro lado”, en este último año no he conseguido convertir este proyecto en un negocio que funcione para mí. De momento, ni es rentable ni es sostenible. Repito, para mí. Y solo para mí. Y te lo digo así, sin paños calientes.

Porque creo que, al igual que con la ocurre con la belleza impuesta y autoimpuesta, es muy necesario que nos demos un bañito de realidad respecto a este lifestyle emprendedor, donde, desde fuera, parece que todos somos dueños de nuestro tiempo, señores de nuestra libertad, nos limpiamos el culo con billetes, tenemos éxito porque todos nuestros lanzamientos salen bien.

Pues no, querida. Si me llevas leyendo el tiempo suficiente, ya me habrás oído decir en alguna ocasión que proyectos bonitos hay muchos, pero negocios rentables, no tantos. Ojo, que no digo que no existan, que haberlos, haylos, como las meigas.

A mi mente vienen entonces muchas frases del gran pozo de sabiduría inagotable que es nuestro refranero: “de dinero y santidad, la mitad de la mitad”, “no es oro todo lo que reluce”… Lo que lo que mostramos de nosotros en nuestras redes sociales es solo una parte pequeña, en la que ponemos el foco eso sí, de un todo más grande; una historia completa que además suele estar filtrada, redimensionada y tamizada. Porque no siempre las historias que nos contamos a nosotros mismos dicen toda la verdad. Quizás porque más veces de las que nos gustaría nos encontramos con cosas demasiado oscuras y hace falta mucha luz para conseguir verlas. 

Así que la próxima vez que, al ver una foto en Instagram, pienses “¿cómo cojones lo hacen?”, no te sientas pequeña, y mucho menos, menos. Probablemente, uno; no lo hacen. Y si de verdad lo hacen, seguramente, dos; no puedes salir airosa de poner en la misma balanza lo peor de ti misma con lo mejor de sí o solo una parte de ese todo que muestran los demás. Y eso vale para tu concepto de imagen, para los negocios y para la vida misma, vaya.

Antes de arrancar oficialmente el curso, quería darte una gran dosis de “mi realidad”, porque esto de emprender está resultando ser una montaña rusa emocional más emocionante de lo que jamás pensé.

Soy una mujer normal y corriente. Como tú. No soy rica, pero sí abundante, 😉 y, aunque cuento con ciertos apoyos, nadie me mantiene económicamente; primero porque bajo ningún concepto quiero perder mi independencia; segundo, porque tampoco puedo permitírmelo. Así te simple y así de complicado a la vez.

Suelo escribirte cuando me deja la vida, que suele ser mientras los demás duermen, por las noches muy tarde o por las mañanas muy pronto, y también durante los fines de semana.

Me entra canguelo cada vez que hago una inversión en este proyecto y la incertidumbre sobre mis ingresos me da insomnio muchas veces. Me da miedo equivocarme cuando lanzo una nueva idea, mi inseguridad le gana el juicio a mi seguridad en primera instancia, y me siento culpable los días que esto se pone más exigente de lo normal y dejo a mis hijos en manos de las pantallas más horas de las que me gustaría. Hasta aquí todo es deliciosamente imperfecto, ¿verdad? Y vaya por delante que no me quejo.

¿Qué entonces por qué lo hago?, podrías preguntarme. Pues porque creo que cuando una mujer se mira al espejo y le gusta lo que ve, se siente fuerte, se atreve a soñar y sonríe más. Porque me mueve muy mucho y muy desde dentro acompañar a otras mujeres en la conquista de su verdadero estilo. Porque ayudarlas, motivarlas y apoyarlas se me da bien.

Porque tengo el talento suficiente como para de vivir haciendo lo que más me gusta, de contribuir a que las mujeres se encuentren en su estilo y lo cuenten con su armario. Porque me merezco la oportunidad de, al menos, intentarlo las veces que sea necesario. Hasta que ya no me haga feliz hacerlo más. Si no te parecen principios suficientes, a diferencia de Groucho Marx, no tengo otros.

Sin embargo, desde aquella despedida que me salió del corazón, he aprendido que las cosas son como son y no como queremos que sean. Y que la verdadera lección está en aceptarlas tal cual y no en intentar cambiarlas. Y que siempre nos queda la libertad de elegir nuestra actitud frente a nuestras circunstancias.

Y así aterricé el pasado mes de junio en Nueva York. Muy enfadada y muy frustrada conmigo misma porque pensaba que no estaba consiguiendo lo que quería. Llámalo cosas de la vida, mala gestión de expectativas, negativa para aceptar los fracasos, miedo a no ser suficiente o resistencia al cambio. O un poco de todo y, si me apuras, seguro que de muchas cosas más.

Venía de perderme por el barrio de Brooklyn en el que soñaba con vivir y, al cruzar este puente, entonces pasó. Al fondo otra perspectiva no tan explotada de la ciudad donde dicen que todo es posible y a lo lejos yo, inundada por una especie de revelación de eso que ahora parece llamarse ikigai; esa mezcla perfecta entre pasión, profesión y misión. Ese equilibrio nada fácil entre lo que sabes hacer, lo que te gusta hacer y lo que te hace sentirte parte de algo más grande. Y supe que a eso quería dedicar mi verano. A intentarlo de nuevo.

Porque sí, tiré la toalla. Aunque ni siquiera me atreví a decírmelo a mí misma.  Y acepté la propuesta de Gloria, que me ha brindado la oportunidad de poder volver a coger la dichosa toalla otra vez con más fuerza. Que hace ya un tiempo, me prometí a mí misma que si volvía a trabajar para otros, trataría de hacerlo por cuenta propia, en un proyecto en el que creo y con personas a las que admiro. Y Gloria es mucho de las dos cosas.

Así que desde este verano tengo la gran suerte de poder seguir aprendiendo a su lado, sin tener que renunciar a ver cómo este bebé sigue creciendo. Porque, como dice Deb en una serie de artículos sobre las peores emprendedoras del mundo, “nadie le pide a un bebé que sea adulto (…), pero sí nos creemos con derecho a exigirle a un negocio que se salte etapas o que las pase a toda velocidad según nos convenga. No hay nada que dé más pena que un niño que tuvo que crecer y madurar demasiado pronto, y nada nos da más gozo que un negocio que crece exponencialmente de un día para otro. Igual podríamos revisar algo aquí”.

Y esta nueva situación, además de seguridad, me aporta mayor libertad creativa y financiera para poder seguir contándote historias de estilo para mujeres imperfectas de la manera en que tengo pensado hacerlo.

Así que, de momento, para empezar el curso le he dado una vuelta de tuerca al proyecto y me he apretado las mías para empezar a llamarlo por su verdadero nombre, aunque siga haciéndolo en bajito y, muchos días, con la boca pequeña. ¡Cuánto me queda por aprender!

En la web cuelgan ya algunos de mis planes mejorados y otros nuevos para acompañarte a descubrir tu verdadero estilo, habrá más armarios en la mejor de las compañías -¡¡en nada abrimos las  puertas de nuevo!! y, si tú quieres, puede que este curso podamos llegar más lejos y fundirnos en un abrazo sin necesidad de pantallas. Te los iré presentando uno a uno cuando toque. Si es que las ganas me respetan y puedo hacerlas esperar.  También hemos hecho muchos cambios internos de esos que no se ven, pero con los que espero que puedas sentirme todavía más cerca.

Pero hoy, más que hablar de mí, y mira que ya llevo un rato, lo que quería era compartir contigo mis 4 grandes lecciones del verano, por si tú también estás en ese punto de inflexión de seguir o parar con lo que quiera que sea, o en ese momento de cambio -¡¡o incluso de pedir cambio!!- que puedan servirte de la forma en que tú quieras. Sé que encontrarás la manera de hacerlos tuyos. ¡Aquí van!

Soy Toca Tacón, pero, ante todo, soy Ana

Y es que durante todo el año pasado me he medido básica, práctica y únicamente por mi faceta profesional. Y ha sido algo doloroso para mí. Así que este verano me ha tocado hacer un gran trabajo interior con mis altos niveles de autoexigencia, de expectativas y de impaciencia. Porque sí, Toca Tacón es una parte muy importante de mi vida, un medio para un fin, pero no es el fin en sí mismo.

Sí, soy emprendedora, pero serlo no es lo único que soy, ni es lo único que quiero ser. No es mi mayor objetivo en la vida, me niego a que se convierta en una obsesión y no puedo permitir que sea lo que define mi vida. Porque también y por delante soy madre, y soy inconformista, y soy mujer, y soy curiosa, y soy escritora, y soy valiente y soy lectora. Y soy periodista, y soy estilista, y soy detallista, pero también soy muchas más -istas.

He elegido ser emprendedora, y eso define mi estilo de vida, pero no mi vida.

Mi peor competencia la tengo en casa, no fuera

Me encanta mi competencia, aunque me gusta considerarla como compLetencia, una palabra que aprendí de Èlia. Creo que están haciendo un trabajo fantástico para que muchas mujeres crean que pueden tener estilo y salgan con ímpetu a encontrar el suyo.

Sin embargo, hace ya tiempo que dejé de mirar para fuera, porque llenaba más de barro, de cuestas y de piedras mi camino. Porque cada proyecto, como pasa con el estilo, es único, singular y diferente y me funciona infinitamente mejor enfocar mis energías en hacer las cosas como solo yo puedo y sé hacerlas que en seguir los pasos, los tiempos y los ritmos de otros que no son los míos.

Tal vez, en un mundo en el que ya está todo inventado, no se trate de ser la mejor en todo, sino en ser la mejor tú. Tal vez, no se trate de preocuparte por lo que hacen los demás, sino en tratar de superarte a tí misma. Tal vez, sea ahí y solo ahí donde puedas marcar tu diferencia, en ofrecer lo mejor de ti y ponerlo al servicio de los demás. Con eso ya es suficiente. Y creerte de verdad los errores, los problemas y los conflictos no son más que oportunidades de mejora, de transformación, de evolución.

Valorarme yo primero para que me valoren los demás

Y este punto nos daría para un máster ahora que se estila el todo gratis. Porque sé que sabes que en esta vida nada es gratis. Tal vez no tenga un precio, pero eso no significa que no cueste ni que no tenga un valor.

Hace unos días leí esta reflexión de María y me pareció muy acertada. Porque este verano he terminado de convertirme en una loca de la creación de contenidos y productos, servicios y experiencias de valor. De ese y solo ese. Quiero aportar valor con mi trabajo. Eso y solo eso.

Mi principal objetivo no es ganar dinero, sino que tú seas más rica. No quiero ganar dinero “vendiendo estilo”; quiero hacer de que tú conquistes el tuyo mi medio de vida, que es muy diferente . Porque tengo más que comprobado que vernos bien no es una tontería. Te hace sentirte mejor. Y eso es lo que vendo: confianza en ti misma, seguridad con tu imagen y amor propio, para que puedas disfrutar más de sentirte fuerte, única y libre. No hay un tú y un yo por separado. Hay un nosotras, juntas.

Porque yo hago y haré mi parte, pero para que sea una historia que dure en el tiempo, cuento contigo para que tú también hagas la tuya.

Confiar en mi, solo porque sí

Leí en este libro que “el mayor freno para emprender es el miedo a soltar lo que creemos que tenemos. (…) Sentir dicha incomodidad nos confronta con todos nuestros miedos inconscientes. Tememos salirnos de la corriente y exponernos tal y como somos. Tememos equivocarnos, fracasar y hacer el ridículo. Y tememos, más que cualquier cosa, lo que la gente pueda pensar de nosotros”.

No tengo más motivos que confiar en mí porque sí. Porque confiar en mí, significa confiar en la vida. Así que confío, coño, confío.

Escribir este post me ha llevado todo un verano de pensar, 10 horas frente al ordenador y 12 días de dudas para darle al botón de publicar. Creo que hasta la fecha ha sido el más difícil para mí, pero necesitaba soltarlo y dejarlo aquí para empezar el nuevo curso con la mochila ligera, el cuaderno en blanco, el lápiz afilado y la ilusión renovada, como todos los nuevos comienzos se merecen.

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      ¡Ay Victoria! Muchísimas gracias a ti. Solo con que este post haya ayudado a una persona ha valido la pena. Me alegro que haya sido a alguien con un nombre tan precioso y simbólico como el tuyo. ¡Gracias por quedarte! ¡Un abrazo fuerte!

      Responder
  1. Judith

    Wow! Excelente artículo. Al final somos humanas, y definitivamente emprender no es tán fácil. Me identifiqué contigo en muchos puntos que tocaste. Tu trabajo me parece excelente, la forma en que tocas el tema de estilo me encanta, por que no se trata sólo de adornarnos, sino de conocernos, crecer, madurar y encontrar ese estilo que nos define, y que nos hace únicas. Por mi parte seguiré leyendote siempre que lo hagas. Porque además me encanta como escribes. Dios permita que tus esfuerzos, tu vocación y tu proyecto terminen dandote la rentabilidad que necesitas. Un beso

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Muchísimas gracias Judith! Escribir estas reflexiones tan personales y hacerlo desde las tripas y el corazón cuesta pero solo por comentarios como el tuyo ya están muy bien pagado. No todo con se paga con dinero y para mí recibir tu cariño vale mucho más. ¡Mil gracias! ¡Un beso!

      Responder
  2. Regina

    OLE. OLE. Y OLE POR TI!!!
    Creo que hay que ser muy valiente para contar esto. Ser valiente antes para verlo. Y tener el coraje de hacer todas esas reflexiones.
    Me viene genial en este momento. Ya te contaré por un privado.
    Yo me quedo!!! MUCHA SUERTE !!!

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      He visto tu privado y te debo un mail 😉 No es cuestión de ser valientes es cuestión de ser honestos con nosotros mismos y, por ende, con los demás. Gracias por quedarte. ¡Un besazo enorme Regina!

      Responder
  3. Alejandra del Rio

    Sin palabras Ana!!

    Mi situación ha sido y es muy parecida a la tuya. He tenido prácticamente los mismos sentimientos este verano. Y hoy, tu post aparece delante de mí.
    Me ha removido, me ha emocionado y me ha abierto los ojos.
    Según lo iba leyendo mi respiración se agitaba y era porque me veo reflejada.
    Lo he terminado con una sensación de angustia y empoderamiento, todo mezclado. Pensando en, si me lo permites, hacerme una especie de manifiesto con algunas frases que me han conmovido y quiero tenerlas a la vista, recordándome lo que soy y a donde voy.
    Yo me dedico a ayudar a mujeres a perder peso, pero no todo vale. Yo tampoco quiero ganar dinero haciéndoles perder peso sin más, quiero ayudarles a que tengan un estilo de vida saludable, que le haga perder peso. Para mí, algo muy diferente, porque para muchas mujeres, el perder peso, no es una cuestión de estética, sino también mental, reparar una autoestima dañada y mejorar una salud que empeora.

    Mil gracias por este post, por abrir tu corazón o más bien tu alma de par en par.
    Un abrazo enorme y si ya estaba agusto por aquí, ahora, aún más.

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Pues ahora la que estoy emocionada soy yo Alejandra. ¡Muchísimas gracias! Tienes un gran propósito. Así que a por ello. Si mis palabras te ayudan para seguir avanzando a por él, “coge” las que necesites. Yo también estoy más agustito si por aquí hay muchas mujeres como tú. ¡Un abrazo Alejandra!

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  4. Paquita

    ¡Bravo, Ana! En este mundo actual, donde parece que sólo nos importan las apariencias y tendemos a creernos las “vidas perfectas “ que nos quieren vender en las redes sociales, gracias por tu sinceridad apabullante. Cada vez me gusta más lo que leo por aquí y por aquí voy a seguir. No suelo comentar, pero después de leerte, necesitaba darte las gracias por tu valentía y desearte toda la fuerza y toda la suerte en esta nueva etapa.

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Pues “manifiéstate” más Paquita, porque me gusta mucho lo que dices. Muchísimas gracias por tu comentario. ¡¡Aquí seguimos!!

      Responder
  5. Lucía

    Mil Gracias por este artículo tan generoso y valiente Ana. Me ha emocionado mucho desde donde escribes, creo que es de una honestidad preciosa, me has hecho pensar mucho. Espero que la nueva etapa te vaya genial. un abrazo grande y mucha fuerza!

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Haceros reflexionar es algo que me encanta. ¡¡Muchísimas gracias por pasarte a decírmelo Lucía!! Agradezco mucho tus palabras, tu apoyo, tu cariño y tu fuerza. ¡Otro abrazo enorme de vuelta!

      Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Ay Rocío muchísimas gracias! Vulnerable es la que me vino a mí. Las dos empiezan por V y se complementan la una a la otra. Un abrazo fuerte!

      Responder
  6. Laura

    Hola Ana!
    Qué gusto leerte y qué gusto que hayas vuelto a la carga!
    Tus reflexiones y aprendizajes me sirven de mucho.
    Hace un mes que me lancé con mi proyecto online y para mí has sido un referente. Me encanta tu etilo, tu web, como te expresas…
    Desde que te leí la primera vez, que ya estaba preparando el proyecto, pensé “me encantaría entrevistarla”. Sí, porque estas comprometida con las mujeres, con su bienestar, con su amor hacia ellas mismas y esta visión la comparto contigo absolutamente.
    Asi es que, enhorabuena por seguir con la delicia de Toca Tacón y gracias por tu honestidad y superar tus miedos.

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Hola Laura! No sabes cómo y cuánto agradezco tus palabras. De verdad que muchísimas gracias!
      Cuando quieras esa entrevista solo tienes que silbar 😉
      Aquí seguimos, aprendiendo… un besazo enorme!

      Responder
  7. Aran

    Ay! Yo me quedo! Claro que si, aunque no me pronuncie mucho por las rrss aquí estoy! Este verano yo tambien he tenido un punto de inflexión ( o reflexión mejor dicho) y si, seguimos parlante, con todos nuestros fallitos y caídas de las que seguimos aprendiendo……Me encanta volver a leerte, me Inspiras mucha paz interior!
    Y partiendo de esa reflexión veraniega, entre billetes de avión paqui pallà…..aquí estoy, trabajando mi interior 4 dias fuera de casa para mi sola, delante de una ventana con vistas al mar dándole una vuelta de tuerca al nuevo curso……mucha fuerza guapa!
    Besotes

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Ay Aran! Muchas gracias por tus palabras. Veo que estamos en el mismo punto. Me encantaría compartir contigo un trocito de esa ventana y de esas vistas!! Tú que eres una de mis primeras lectoras. Si has “aguantado” tanto es porque esto merece la pena para las dos, jajaja. A darle caña a este curso, que este es nuevo, y no sabe hasta dónde somos capaces de llegar. ¡Un besazo guapa! ¡Seguimos!

      Responder
  8. Mayte

    Ana, tú tienes un valor añadido difícil de encontrar: eres auténtica. Dices las cosas como son y no doras la píldora. No das 3 recetas para ser estilos a según los cánones establecidos, sino que nos pides que busquemos nuestra esencia.
    Estás empezando, llevas poco tiempo…te tienes que dar a conocer, venderte, te quedan muchos formatos por explorar, el boca a boca es lento pero seguro. ¿Qué opinas de saltar al formato papel? Conozco gente que leer un ebook no le va pero les encantaría que les regalara tu libro. Y gente que iría encantada a un taller organizado por ti. Hace poco Rosa de El Estilario dio uno en el Outlet de Sevilla y estuvo muy bien según me contaron.
    Como siempre me han dicho: marca la diferencia y apuesta por ti.

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Ay Mayte! Si supieras la de veces que te he pensado este verano!! Muchísimas gracias de verdad por estar ahí. Y si te digo que ya estamos trabajando en las dos cosas? Los talleres están a puntito de caer y el libro en papel irá algo más lento, porque es un proyectazo, pero llegará, llegará. Y me plantaré en tu tacita de plata con él bajo el brazo para presentártelo y que podamos celebrarlo, ¿te imaginas?
      Sí, es que Rosa es mucha Rosa. A mí me chifla!
      Un besazo enorme y mil gracias por escribirme siempre con tanto cariño.
      Ana

      Responder

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