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De soltarse las canas

“¿Duele?”, me preguntó asomando su carita a través de la puerta del baño. Estaba depilándome las piernas cuando mi hija apareció en escena. “Bueno, un poco”. “Y entonces, ¿por qué lo haces?” añadió. Y cuando buscaba una respuesta, no la encontré.

A mi mente vino entonces un recuerdo evocado de casa de mis abuelos, de cuando era muy pequeña. El olor a cera al baño maría. La imagen de mi madre y a mi tía ayudándose entre sí a “quitarse los pelos” de la axila, de las ingles, del bigote, de las piernas. A puntito estuve de soltarle ese “cariño es que para estar guapa hay que sufrir” pero me lo tragué. A lo mejor es que no me dio tiempo, porque se me adelantó con un “pues si duele, yo no pienso hacerlo cuando sea mayor”. A lo mejor es que las mujeres ya nos los hemos tragado por mucho tiempo.

Esta loca bajita, una de mis maestras de vida, con esa capacidad para ponerle nombre a las cosas con su sencillez pasmosa; con esa facultad tan llena de sentido común para decir verdades que de todos es sabido son propiedad manifiesta de los niños y los borrachos. 😉

Me dio qué pensar. Mucho. En la relación que las mujeres tenemos con nuestro propio cuerpo, en cómo y cuánto nos miramos al espejo, en cómo percibimos el reflejo que nos devuelve.   En el significado de palabra aceptación. En el verdadero sentido de la palabra favorecedora.

Porque después de haber leído mucho sobre ello y haber escrito otro tanto, sigo sin tener claro siquiera que exista una definición universal que sirva para todas. Puede que para ti sea todo aquello que te hace verte especialmente bien y eso pase por vestir tu mejor versión, escoger con cuidado los colores, los cortes, los tejidos, las texturas…  y poner especial atención a los detalles.

O que para ti sea todo aquello que te hace sentirte especialmente bien, aunque eso no siempre coincida con que sea lo que mejor te siente, ni con lo que los demás esperan de ti, ni con lo que se supone que tiene que ser, dentro de esta cultura donde encajar pesa y nos pesa tanto.

Para mí es una mezcla de ambas. Creo que el verdadero desafío es que encuentres tu propia medida entre vestir lo que eres y hacerlo para contárselo al mundo y a ti misma. Y perdiéndome en esta reflexión me di cuenta de que, aunque no paro de buscarla, ni yo misma he dado todavía con mi medida exacta.

A medida que me crece el pelo me descubro coqueteando con la idea de dejar de teñirme. Mi pelo es una de las partes de mi físico que más me gustan y, sin embargo, cada vez que pido cita en la peluquería aflora en mí esa sensación de estar tapando algo que ya no sé ni de qué color es en realidad.

Porque todas las mujeres somos muchas cosas. Y una de las mías es que soy muy canosa. Joven y canosa; que no es lo mismo que joven, pero canosa. Asumimos que peinar canas nos pone años encima, aunque solo nos envejezca a las mujeres.

Los hombres con canas pasan a ser maduritos interesantes y las mujeres viejas hippies que descuidan su imagen personal. No sé en qué momento nos dejamos convencer de que para nosotras las canas aún no nos tocan, de que podemos seguir “pareciendo jóvenes” un poco más. Nunca tuvimos un debate sobre el tema. Nunca se nos pasó por la cabeza que podíamos discutirlo.

Sin embargo, ahora me lo cuestiono.  ¿Estaré fatal? ¿O estaré yo misma? No sé cómo soy con canas. No sé cómo me sentarán ni cómo me harán sentirme. No sé qué pensarán los demás de mí cuando me vean. Pero tengo claro que existe una línea divisoria muy sutil entre el pelo y la identidad. La descubrí hace dos años cuando me atreví a ponerme el pelo afro.

Y también sé que las mujeres tenemos una presión social muy fuerte en relación a nuestra belleza y que uno de los puntos más calientes es el pelo: el de la cabeza y el del resto de cuerpo, pero de estoy ya hablaremos otro día.

Fue mientras escribía hace unas semanas este post sobre la autenticidad cuando detecté mi propia incoherencia estilística. Ahora que he aprendido que siempre que me siento incómoda, significa que tengo que profundizar un poco más para quedarme con una capa menos, tomarme un café conmigo es uno de los mejores rituales de mi día.

¿Es verdaderamente cierto que teñidas estamos más favorecidas? En un mundo de certezas impuestas, ahí estoy yo, sin encontrar otra razón más allá de que cubro mis canas por una creencia que en realidad no es mía. Es más. Tengo la misma convicción que el oso Balú de que mamá naturaleza sabrá darme lo que, de verdad, me toca. 😉

Y confío porque voy a dejarme crecer las canas, que es lo mismo que hacer crecer mis ganas por ser cada vez más yo. En estos momentos siento que es lo más coherente para mi propio estilo y para todo eso que predico para las dos.

Al fin y al cabo, mis canas son mi verdadero pelo y quiero comprobar a dónde me lleva este nuevo experimento, no solo de no avergonzarme, sino de lucirlo con orgullo. Tengo la intuición de que va enseñarme mucho sobre mí, otro tanto sobre otras mujeres e infinito sobre el miedo al juicio de los demás.

O de las demás. Y esto probablemente te suene muy políticamente incorrecto, pero la mayor parte de los comentarios respecto a mis canas salieron de la boca de una mujer, no de la de un hombre.

Me pregunto cuándo fue que compramos la idea de que nos convenía más convertirnos en nuestras peores enemigas; machacarnos en privado, boicotearnos en público, autoexigirnos a solas y exigir en compañía.

Tal vez sea que no nos hemos enterado todavía de que cuando hacemos una crítica fortuita nos hacemos presas del reflejo de todas esas cosas que no nos gustan de nosotras mismas. Tal vez si trabajásemos en cambiar esto, no dependeríamos tanto de la mirada ajena como de la propia. Tal vez así, dejaríamos de fingir todo el rato. Fingir en cualquier caso; porque como bien escribe Nuria Varela en uno de los libros que te recomiendo este mes en nuestro Club de Lectura, disimular es fingir no tener lo que se tiene y simular es fingir tener lo que no se tiene.

Me he dado de plazo hasta el próximo verano para disfrutar de esta experiencia de descubrir cómo es “mi pelo de verdad”. Y sí, sé que es solo pelo. Pelo y solo eso. Pelo. Lo haré y luego ya veré.

En el mientras tanto he puesto a bailar mis ilusiones y mis miedos como si fuera pareja en uno de esos ejercicios de pros y contras que no hace más que parecerme algo así como poner a pesar en una balanza dos emociones: el valor y la vulnerabilidad.

Y te parecerá una tontería banal y superficial, pero quería compartirlos contigo por si tú también estás en ese momento y te ayuda o por si tú vas por delante y puedes regalarme un consejo. Ya sabes que soy una intensa con nivel pro en trascendental. ¡Te leo!

Ilusión porque:
  • Reforzaré mi amor propio. Podré volver a decorar mi pelo como y cuando quiera, pero lo haré después de haber descubierto “la verdad” de mi pelo que también es la mía.
  • Pondré fin a esa obligación tan esclava de “tener que teñirme”.
  • Ahorraré dinero, que voy a destinar a viajar, y tiempo, que dedicaré a leer.
  • Me gusta el gris y me encanta el blanco. Son colores que aportan luz y no te hablo solo de fuera.
  • Las mujeres canosas siempre me han parecido elegantes, sofisticadas y carismáticas. Y quiero explorar esos atributos para incorporarlos en la definición de mi propio estilo.
  • Me siento especialmente atraída por el discurso inconformista, reivindicativo y liberador que subyace de “soltarse las canas”. Y quiero rendir mi propio tributo. Que vale ya de sentirnos insuficientes, insatisfechas, incompletas. ¡Dejémoslo es que estamos “in” y nada más!
Y también cierto miedo porque:
  • Puede que la consistencia de abrazar mi imperfección resulte no ser, como decirte, tan consistente.
  • Me asusta que me pueda la presión de que lo que otros digan o piensen de mí sea más fuerte que lo que yo piense, crea o sienta. ¡Puff! Esto me escuece que no veas mientras lo escribo.
  • Me sentiré insegura durante la transición, como cuando quieres dejarte el flequillo largo y al final acabas cortándotelo otra vez porque se te mete mucho en los ojos y no te alcanza para coleta. Mi intención es no teñirme, no cambiar el color del tinte, pero no tengo muy claro cómo hacerlo. ¿Alguna idea?
  • ¿Y si tengo un color de pelo muy feo? ¿Y si es verdad que las canas envejecen? ¿Y si solo me ponen años a mí? ¿Y si paso de ser la peor emprendedora del mundo a ser la peor estilista del mundo? ¿Y si soy muy flipada? ¿Y si por la boca muere el pez? ¿Y si no consigo apagar el ruido de todos esos pensamientos negativos que me pillan siempre desprevenida?

Sé que es solo pelo. Pelo y solo eso. Pelo. Pero por los pelos encontré la respuesta que no sé si necesitaba escuchar más mi hija o yo misma. “Para estar guapa no hay que sufrir, nena, hay que aceptarse”.  Esto será lo que le conteste la próxima vez.

Empieza el debate. ¿Qué tal te llevas con tus canas? ¿Tienes muchas? ¿Crees que envejecen per se? ¿Has sentido esa llamada de dejar de teñirte? ¿Lo hiciste? ¿Cómo fue? ¿No lo hiciste? ¿Por qué?

P.D.: Para aceptarse, tenemos un aliado. El espejo. Y de qué hacer con ellos hablaremos en nuestro ‘cafeté’ del domingo, por si aún no estás, y te apetece venirte. Más abajo puedes apuntarte. 😉

P.P.D.: #conganasdecanas es el hastag que me he inventado para ir contándote avances, por si te animas a compartir conmigo los tuyos.

Las fotos son de Emilio. ¡Gracias por mirarme de esta forma!

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  1. EvaLuna

    Hola Amiga, qué tema más interesante! y complicado, ciertamente. La presión social yo creo que más que presión, es simplemente cotilleo, la gente se cree con derecho a opinar sobre todo, y el físico además parece que no se salva o peor, es lo primero sobre lo que los demás opinan. A mi hace tiempo que me importa un pepino la moda, y lo que digan los demás. Y a partir de ahi, sigo mi criterio, en mi caso comprobé que no teñirme me deja el pelo infinitamente más sano, he conseguido llevarlo más largo y creo que más bonito, y hasta ahora no tenía canas. Ahora me he visto unas pocas (OMG!!!) y me planteo que me lo teñiré de nuevo – mechas, pero porque a mi, personalmente, no me gustan las canas. Y teñirme no me parece un rollo o un suplicio, solo complicado de cuadrar en mi horario de locos. Pero me encanta que otros digan oigan, yo paso. Yo, por ejemplo, paso de las uñas. Me encantan pintadas, pero no tengo paciencia ni tiempo, así que van naturales. El pelo del cuerpo me molesta y no me gusta, así que láser y ahora cuchilla que son, literalmente, 2 minutos de mi semana. La clave es no sentirte presionada con lo que hagas o muestres de ti, y que no juzgues a los demás. Con eso, alegría y buen humor!!
    Un beso!

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Cuanto sentido común en tu comentario!! En estos tiempos que corren en los que el sentido común es el menos común de todos los sentidos, jajajaja. Tu comentario bien podría resumirse en la canción de Alaska, “a quién le importa”. 😉 Pues eso! Que vivamos y dejemos vivir! Besazos amiga!

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  2. Cintia

    Pues yo tengo alguna que otra pero de momento, tras pasar el impacto de verme la primera cana y sentir que me estaba haciendo mayor, no es que me importen mucho… tampoco es que se me noten mucho aún, tengo 36 años y hará unos poquitos años que empezaron a salir, poco a poco, viniendo de una madre canosa que en su veintena ya se tenía que teñir el pelo por las canas, y que ahora en su cincuentena, si no se tiñese, tendría el pelo totalmente blanco… yo la digo que ahora se lleva (ahora que está de moda ese gris tan claro) pero claro, de llevar el pelo negro al pelo gris… ya solo el impacto visual es importante… pero la voy a pasar este post porque creo que puede resultarla interesante.

    El pelo, ya sea de la cabeza o del cuerpo, es parte vital de la vida social, nos dejamos llevar por ello. Yo me teñí de rosa este verano, no sabía si me quedaría bien o no y era una puesta arriesgada, por ejemplo mis padres me decían que eso era de adolescentes… pero tenía esa convicción dentro de mi de que era el momento de arriesgar, quería hacerlo y me encantó la experiencia y seguro que la repito (aún lo llevo algo rosa jaja).

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Cintia! Muchísimas gracias por compartir con el resto tu punto de vista y por hacérselo llegar a tu madre. Me interesará muchísimo conocer también su opinión. 😉 Creo que el color del pelo es una decisión muy personal de cada mujer y que nadie mejor que una misma sabe cuando es “su momento” para lo que sea (ponérselo rosa, dejarse las canas, rizárselo, alisárselo, o lo que sea). Lo más importante para mí es que se haga desde la más absoluta libertad de cada una. 😉 ¡Un abrazo fuerte!

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  3. Adriana

    Me empezaron a salir canas como desde los 15 años, empezó a decolorarse el cabello, primero rojizo, luego rubiio y finalmente blanco. Decidí aceptarlo desde siempre, ahora tengo 39 años y tengo el 70% de mi cabello blanco. Cuando tuve ya mis primeras canas, todos los estilistas me recomendaban tinturarme, las mujeres, tienes razón, fueron más implacables diciéndome que era muy joven para tener canas y me recomendaban Hena y cosas así. Yo siempre he amado mis canas, y al final, quién lo diría, aceptarlas me han hecho ser Sui generis, no paso desapercibida, aceptarme ser yo, me diferencia del horror que para las mujeres significa aceptar los años con los cambios que vienen. Siempre me he sentido orgullosa de mi decisión, que está inspirada en defender mi esencia y no en cumplir un estándar. Ahora sí a los 40 quisiera tinturarme, lo haré por probar colores, como forma de expansión, y no porque me avergüence de mis hermosas canas. Gracias por este artículo, me sirve para mí proceso actual de aceptación en todos los aspectos. Valor, que tú decisión ciertamente ha llegado en el momento que debía y como dices, es mucho más que pelo. Un abrazo

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Ay Adriana! Tu comentario me ha emocionado muchísimo. Qué bonita tu reflexión y tu proceso. Muchísimas gracias por haberlo compartido conmigo. Y sí, a tus 40, expándete con tu pelo como solo tú puedes hacerlo! Un abrazo enorme de vuelta!

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  4. Silvia

    Para mí el corte de pelo y su cuidado y apariencia son de lo más importante en mi imagen. Corto y con “carácter”, así lo defino. Hace dos años comprobé que no me identificaba con los tintes, ningún color era yo, ni mechas, ni refejos ni nada. Tenía canas. Lo llevaba asimétrico, castaño oscuro y en el lateral largo, un mechón rojo. Llegué a la peluquería y dije que quería limpiar mi pelo. Lo corté y mucho, el corte garçon, le llaman 😉. Y salieron mis canas. Y mi color. Oscuro, casi negro. Y mi piel se veía diferente, y mis cejas (que también llevo más naturales y gruesas). Era yo. Es cierto que no tengo muchas y que tan corto no se ven mucho, pero ahora lo estoy dejando crecer y me encanta ese brillo plateado que deja.
    En estos dos años he tenido muy claro el “¿y por qué no?”. Como le dije un día a mi hija, también cuando me vió depilarme, la libertad de la mujer está en hacer lo que te de la gana. Depilarte, teñirte, vivir con tu culo gordo o delagado y no usar tacón de aguja o no bajarte de ellos es tu decisión. Ella ha decidido no depilarse 😜
    Ánimo con tu propósito. Te vas a ver divina y liberada ❤️

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      ¡¡Qué palabras más liberadoras, con cuánta energía y cuánto power, Silvia!! Y qué bonito es leerte siempre y descubrirte cada vez “más tú”. Gracias por eso y por tus ánimos! Here we go!

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  5. Aran

    Muy interesante el tema de hoy, por mi parte….hazlo! Dejate las canas, yo lo hice y ahora me veo mil veces mejor! Llevaba desde los 20 tiñendome y ese momento entre que asoman las raíces y encuentras el hueco/día para teñirte era horrible para mi….as
    i que deje de hacerlo y voilá….
    A mis amigas que tienen 4 canas, literal, no hago mas que decirles NO empieces a teñirte…
    Te envío un mail con los detalles!
    Saludetes!!

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      ¡¡Qué genial que te haya parecido un tema interesante!! La verdad es que es un tema que está en boca de muchas mujeres pero que luego no nos atrevemos a airear tanto en público. Voy a leer tu proceso por privado ahora mismo y te contesto. Y sí creo que lo que, en mi caso más me ha frenado, es el proceso de dejarlas crecer y “resistir” ir a la peluquería. Yo también os iré contando.
      ¡Un besazo enorme Aran!

      Responder
  6. maria pilar molina calvo

    Hola Ana, me hace gracia este tema porque siempre da lugar a muchas versiones de lo que es mejor o peor y de supuestas esclavitudes o libertades. A mí personalmente me gustan las dos apariencias…., siempre que el cabello esté cuidado, claro, ya sea con coloraciones o sin ellas. Que, por cierto, mi peluquera me ha dicho siempre que las canas ( y yo prácticamente no tengo ninguna) exigen un cuidado minucioso, para que el pelo resulte flexible y con brillo. No sé si envejecen o no, no creo que envejezcan, sinceramente, porque las mujeres que conozco que no se tiñen no me resultan “más mayores” de la edad que tienen. Y hay ciertos tintes que no acompañan, por el contrario, nada, a la mujer que los lleva….. Y eso sí que resulta fatal…!!

    En definitiva, prueba y comprueba… Es una opción tan buena o tan mala como cualquier otra!! Ya sabes mi mantra personal, “se tú y sé feliz, pero, sobre todo, sé tú”, que dijo mi padre toda su vida con sabiduría máxima.

    Un besico!!

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      ¡¡Qué matices más interesantes Pilar!! Y ya te lo he dicho en otras ocasiones, ¡¡qué sabio tu padre!! ¡Un abrazo enorme y gracias por sumar siempre por aquí! ¡Otro besico de vuelta!

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  7. Mayte

    Me has hecho reflexionar bastante. Si yo tuviera la seguridad de que iba a tener todo el pelo blanco, en vez de gris-blanco-amarillento, me dejaba las canas sin dudarlo, me echaba un champú violeta y a vivir. Pero no por la presión social, que es cierto que es terrible y que las mujeres son las que más y peores comentarios me han hecho sobre mis canas, sino porque soy rubia, me identifico así y me gusta seguir siéndolo. El día que quiera cambiar, voilà.
    Soy canosa desde los 25 años y hasta hace poco las tapaba con mechas de tinte…hasta que no he tenido más remedio que alternar tinte con mechas. Exige estar pendiente, pero no lo llevo como esclavitud sino como un proceso más en mi imagen.

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Ese también es mi mayor temor Mayte. Saber cuánto de blanco y no de gris o no de blanco-negro es mi pelo ahora mismo. Y cuál será el verdadero color de mi cana, que tiene también muchos tonos. Espero que sea bonito y que no exija demasiado mantenimiento. Lo que quiero evitar es teñirme! El color es lo de menos! Pero para todo eso habrá que esperar. 😉

      Si eres rubia y quieres seguir siéndolo, no necesitas nada más. Si disfrutas con ello, está bien así. Keep going, nena! You rock!

      Me chifla leerte siempre Mayte! Un besazo enorme!

      Responder
  8. Anita

    Qué lindo es leer fuera de la mente propia las.ideas de otras! Yo tengo 40, pocas canas, y el pelo al natural. Mi tema de no teñirme no fue por estética, me entro la cosa de ponerme en la cabeza tanto químico y como nadie me da la edad que tengo, siempre muuucho más joven dije ok, vamos con estas canas sueltas y al viento, y segura de esa decisión!
    Cuando voy de viaje a Argentina, soy de allá y vivo en Chile, todos me cuestionan sobre todo mujeres por que no me tiño, que me vería más joven aun, y yo mmmmmmm igual tengo 40.
    La verdad es que acabo de entender, y te lo agradezcoooo, que con un lindo corte y mi seguridad personal las seguiré llevando libres, y si un día quiero explorar otra cosa, me pondré la tintura mas natural que encuentre, al final como vos decís es pelo!
    Graciass volvio la seguridad con ellassss!

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Actitud, seguridad, confianza en una misma y amor propio es mucho más importante que cualquier color de pelo! Me ha gustado mucho leer tu comentario. Me emociona especialmente cuando llegan desde “tan lejos”. Un abrazo enorme, de esos que se saltan los charcos, Anita! 😉

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  9. Pilar

    Pues me empiezan a salir, según parece jaja Ja. Digo según parece porque fue mi hermana la que me dijo “María Pilar (así me suele llamar cuando me quiere decir algo importante) ¿No te piensas teñir?” Y yo, “¿Por qué?” Siempre, desde que recuerdo lleve el pelo con mechas, tantas que últimamente era blanco y me encantaba hasta que me cansé, me vi mal y deje de teñirme. Después de años fue una liberación y una alegria verme mi color castaño. Y estaba tan feliz, me veia tan natural, que no repare en esas “supuestas canas”. Tantas veces me lo recordó mi hermana que un día en un ascensor me fijé bien y es cierto que se ven algunas pero hay que fijarse tanto que a mi no me molestan. Pero el día que me vea mal las teñiré, ¿Por qué no?. No entiendo por qué ahora la cana tiene que ser bonita y antes tenía que ser fea, ¿No es la misma tiranía? Dejémonos ya de modas de seguir lo que cuatro influencer dictan y hagamos cada una lo que nos de la gana. Así que ni canas si, ni canas no, sino verme bien con o sin ellas. Gran artículo Ana;)

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Lo más importante es que a ti no te molestan. 😉
      Yo creo que las canas son “neutras” y que es una decisión que cada mujer debería elegir desde su libertad de dejárselas o no. Totalmente de acuerdo contigo. A mí más que una moda, que si te digo la verdad, no sé si lo están o no y no me importa, creo que hay un cambio de paradigma hacia una belleza más diversa y más inclusiva. Y eso siempre es bien, porque es riqueza y variedad. Me preocupación es que esas mujeres no decidan lo que sea porque tenga más importancia lo que digan los demás que lo que crean ellas mismas. Y eso vale para las canas y para la vida en general. Espero que haya quedado lo suficientemente claro en mi reflexión. Por cierto, muchas gracias por tu comentario. Me alegro de que te haya gustado el post. Un abrazo enorme!

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