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Tu olor también es tu estilo

Antes de escribir esta historia, mi perfume era Chloé. Me hice con él en una oferta de una cadena de perfumería la tercera vez que me acerqué a ver si era aquella en la que por fin descubría cuál podía ser al fin mi aroma.

En mi primera intentona salí atufada de la tienda, con la nariz embotada de olores y el alma enajenada por ser incapaz de quedarme solo con uno. La segunda fue aún más frustrante: mis dos antebrazos olían distinto a cada 15 centímetros de diferencia, por delante y por detrás, y aunque creí haber encontrado el mío, me perdí en los nombres. Me había quedado sin mi perfume incluso antes de haberlo comprado.

Era Chloé. Lo supe esa tercera, no porque fuera la vencida, sino porque se lo olí a una amiga. Y es que mi relación con los olores volvía a reducirse, una vez más, a “copiarle” el perfume a otra mujer para darme cuenta después de que en mí no olía igual. ¡Ay!

Y podrá parecerte una tontería, pero yo era de las que creía que toda mujer debía tener un olor por el que se la reconociera, una fragancia que se asociara a ella, por la que fuera recordada. Algo así como lo era Marylin Monroe con su Chanel nº5 -que me empeñé en probar un tiempo y que me resultó “muy de señora mayor”- o mi abuela materna con su Anaïs Anaïs, de Cacharel o mi misma madre con su Ôh, de Lancôme de cuando yo era niña. Perfumes que me devolvían el pasado al presente o que me hacían revivir el cariño recibido en la infancia.

Hasta entonces, siempre me habían parecido muy intrigantes aquellas mujeres que habían encontrado la forma de mantenerse fieles al mismo perfume durante muchos años. Porque al igual que ocurre con la ropa, “oler a ti” significaba que, de alguna manera, habías dado en el clavo con tu esencia.

Por eso cuando le pregunté a Paula por un truco infalible para encontrar mi perfume, su respuesta me dio paz. “Están para pasártelo bien con ellos, para disfrutar. Para ayudarte a encontrarlo, te preguntaría en qué momento estás y cómo te quieres sentir. Y te daría un perfume para estos momentos, pero no te daría el perfume de tu vida”.

Le pedí que me ayudara a encontrar uno nuevo para mí, con la tranquilidad de, tal vez, mi esencia era tan ecléctica al estilo como infiel a los perfumes.  Terminamos la entrevista, apuramos el café y volvimos a su tienda.

Y Paula se puso narices a los olores. “Lo primero que te venga a la mente: ¿qué te gusta cómo huele?” me comentó. “Pues la verdad es que no lo tengo muy claro: me gusta el olor a azahar y el del jazmín” le respondí.

“Huele este. Si tuviese que elegir uno para ti, sería este”, me dijo. Y me chifló. Supe después que se trataba de una fragancia alegre, para el pensamiento positivo y las buenas vibraciones.

Me explicó que el olor de cada fragancia va cambiando a medida que transcurre el tiempo. Están las notas altas, que son las primeras que apreciamos y también las primeras que se esfuman. Luego las notas medias, que son las que dotan de espíritu  -ahí donde reside la esencia del perfume-; las que lo llenan de carácter y de armonía. Ahí es donde estaba mi jazmín y también el lirio. Después vienen las notas de base, que son las encargadas de hacer que el perfume se fije en la piel (a veces es incluso un pelín aceitoso por su composición), las que dan profundidad a un aroma.

Me confirmó también que los perfumes huelen de manera distinta en la piel de cada persona y que esto hace que no exista uno igual.

“Creo que este también podría irte. Vas a ver cómo dentro de un rato huele mucho más empolvado, más a flores”. Y ese segundo también me gustó. Me pasó eso con todos los que me dio a probar. Y creo que fue porque Paula supo transmitirme su pasión por los olores que huelen a lo que son. A verdad. A limpio. A frutas. A flores. A maderas.

“No me decido entre éste o éste” le confesé confusa. “Es que no lo vas a decidir ahora” me sonrío mientras se encaminaba de la “mesa de los olores” al mostrador. “Te voy a preparar unas muestras y te las vas a llevar, las vas a probar, vas a ver cómo te huelen a ti y cómo huelen en ti a lo largo del día, y qué te dicen los demás, y, con todo eso, pues ya decides”.

Salí de su tienda con una bolsa preciosa llena de jabones, de velas, de aceites revitalizantes, de cremas hidrantes y de perfumes con la convicción de que, fuera el que fuera, ya tenía otra historia que contarte. La de que el día en que menos lo buscaba, Paula me ayudó a encontrar mi perfume. Y la de que aún quedan negocios en los que que el cliente se vaya satisfecho, aunque en principio no compre, es un valor de la casa.

Días después, me hice con mi nuevo perfume. Uno que también tiene origen francés, pero que está fuera de todos los circuitos comerciales al uso. Uno que es una mezcla de bergamota y naranja, de jazmín y lirio del valle, de vainilla y madera de sándalo. Uno que, según dicen, es una oda al amor y al deseo de una vida feliz.

Y sí, finalmente, fue el primero que Paula me dio a oler. El que ella eligió como primera opción para mí.  Uno que, al parecer, es para una mujer a la que le encanta evocar energía, positivismo y amor. No sé si Paula pensó de mí que me merecía ese perfume porque soy de ese tipo de mujeres… aunque me gusta pensar que es así para poner punto y seguido a la historia de que tu olor también es tu estilo. Porque es tan cierto que precisamente por eso lo incluí en el Manifiesto Toca Tacón.

Ahora huelo a Un Peu d’Amour de Andrée Putman. Y me muero de ganas por saber a qué hueles tú. ¿A qué hueles?

El secreto de tu estilo está en tu armario
y yo puedo ayudarte a descubrirlo.

¿Preparada para tener
MÁS ESTILO CON MENOS ARMARIO?

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  1. Montse

    Qué post más estupendo, Ana. Todo alrededor del perfume es misterioso y difícil de capturar. Y lo has transmitido de maravilla.

    A mí me gusta variar de olor según cómo me sienta cada día y qué es lo que vaya a hacer. Los días especiales huelo a Her, de Narciso Rodríguez. Otros días, los que quiero que se me hagan leves me envuelvo en algo más suave y etéreo, que voy variando según la temporada. Creo que el perfume y yo nos influimos mutuamente, así que necesito probarlo durante unos días para elegirlo bien.

    Un abrazo.

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  2. Mayte

    Me ha encantado esta historia 😍😍
    Yo huelo a Carolina Herrera 212. Una vez que iba a salir se me había acabado mi perfume y una amiga me prestó el suyo, que era éste. Me olía a fresco, a suave, a mujer que le gusta oler a limpio sin “okupar” toda la sala o el ascensor con su perfume.
    Con este perfume llevo más de 5 años. Me lo eché el día de mi boda, no concebía “disfrazarme” en ningún otro aspecto ni en ése, mi chico se casaba con una mujer que se mostraba cual era y no iba a echarme otro perfume…

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