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Victoria, nombre de reina

Dicen que los niños vienen con un pan debajo del brazo. Victoria llegó con un libro y una rosa. El pan lo seguimos esperando… 😉

Y yo, de alguna manera, lo intuía. La esperábamos para el 15, la niña bonita, que también le iba al pelo, pero yo sabía que esto a ella se le quedaría corto. Victoria ya apuntaba alto. Como si quisiera rendirle su primer homenaje a Cervantes, Shakespeare o Garcilaso de la Vega en plan “no os preocupéis por dejarnos, amigos, que ya me encargo yo”.

Para una lectora empedernida como yo, tener una hija nacida el Día Internacional del Libro es el sumum de los sumum. No te digo nada de a sus tatas, que le auguran un prometedor futuro como europarlamentaria –las zuprimas son así, nada de actrices, bailarinas ni periodistas, que de eso ya tuvimos y no nos lució nada el pelo, ¿verdad?-.

Ya hubiese sido la pera que en lugar de Madrid, hubiese nacido en Cataluña. Entonces, el moreno y yo lo hubiésemos tenido más fácil con el nombre. Jorgina y pispás que te vas.

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Pero no, sin nombre por desacuerdo anduvimos antes, durante y después del parto. Y es que la criatura tuvo dos gorros de esos tan estilosos que te plantan en la sanidad pública nada más nacer.

En el primero, el nombre del consenso: Gloria Elena, nombre de culebrón fruto de un proceso de negociación sin precedentes en nuestra unidad familiar. La investidura de Susana Díaz es pan comido a su lado. 😉

Al final, tuvo que venir ella a poner orden. Victoria llegó boca abajo pero mirando al cielo. Lo de que el suelo fuese lo primero que viese en su vida, como que no iba mucho con ella. Ella tenía altura de miras, quería mirar a la ginecóloga a la cara, desafiante pero agradecida, que para eso lo había pasado un poquito regular.

Lo que sentí cuando me la pusieron en brazos me la guardo para mí. Pero cuando vi ese nombre en ese gorro, le dije al padre de la criatura: “con todo lo que le ha costado llegar hasta aquí, esta niña debería llamarse Victoria”.

Y el equipo médico, que había sudado la gota gorda, apoyó la moción. Y al pobre moreno le pudo la presión y renunció a que su primera hija se llamase como su madre.

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Dice el gran Sabina que las niñas ya no quieren ser princesas. Así que, le pusimos a Victoria, un nombre de reina. Por si acaso. Porque no estoy cien por cien segura de que un nombre defina una personalidad, pero, tener como aliados adjetivos de la talla de “triunfadora, vencedora o ganadora” cuando las fuerzas flaqueen no está de más.

Me hubiese gustado publicar este post antes, pero la miraba en la distancia en busca de inspiración y no encontraba palabras que hicieran justicia a lo que significa para mí.

Pero si algo estoy aprendiendo de la maternidad y del blog es a hacer de tripas corazón con mi impaciencia innata, así que me consuelo con la idea de que, como dice Paulo Coelho, si todo ocurriera como y cuando deseamos, en poco tiempo nos quedaríamos sin guión para seguir escribiendo nuestra vida.

Hoy, 15 días después de su segundo cumpleaños, la he abrazado más fuerte que otros días al salir de casa. Probablemente porque el periodo electoral enciende mi piloto reivindicativo. Tal vez, porque a veces tengo la sensación de que mi proyecto de vida se tambalea. Quizás, porque cuando se tiene una hija, una se hace más consciente de lo que significa ser mujer en el siglo XXI. Seguramente una miscelánea de todo lo anterior.

Victoria tiene nombre de reina. Y yo solo puedo apretar su mano y guiarla para que sea valiente, fuerte y peleona. Pero, sobre todo, para que crea en sí misma por encima de todas las cosas. ¡Felicidades Victorieta!

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Fotos by Lucía Patata Fría Fotografía.

 

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Todavía tengo rojitas las orejas, Aran.
      Si te pilla el jefe, me echas a mí la culpa. 😉 ¡O se lo das a leer!

      Responder
  1. Lucía

    Me la como de lo bonita que es, desde que nació me ha encantado su flow y como ella va a su bola, es independiente y super graciosa.. .una mnitocatacón!

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Dejamos el blog en buenas manos entonces, ¿verdad? Gracias una vez más por tus fotinchis.

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  2. elena

    Tiene una cara de salá que me encanta!
    Felicidades por ese bombón y que siga creciendo así de bien.
    Besos a todos

    Responder
    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Tiene cara de lo que es, Elena, una gamberra en toda regla. ¡Ni que se hubiera criado en un PAU! Más besos para todos vosotros también.

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  3. Carmen

    ¡ Me quedo sin palabras¡¡ qué niña más linda y qué suerte va a tener en el futuro teniendo una madre como tú

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  4. Maribel

    Jo nena, precisamente hoy que es mi cumpleaños… qué emoción!!! Mi madre me ha escrito un wsp que decia «Amor de tu madre, muchas felicidades. Estos 39 años has llenado nuestras vidas. Te queremos». Se me han saltado las lágrimas hasta el compañero de delante de mi mesa…

    Veo que tu Victoria también llena tu vida. Piensa que tú también llenas la de ella y que ese lazo va a estar siempre ahí.

    Mil besos para ti y dos mil para la peque!!! (dale alguno al moreno también, no seamos rancias).

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Muchísimas felicidades Maribel!!
      Pues me hace mucha ilusión que justo lo hayas leído hoy. Si es que nada es por casualidad… Llorar de emoción es de lo mejor que tiene esta vida…
      Mi Victoria llena mi vida y mis horas, sí, esas que no me sobran. Pero yo feliz.
      El moreno dice que se va a montar un blog consorte para que le digáis cosas bonitas a él también, jajaja-
      Otros mil besos para ti, nena. Disfruta muchísimo de tu día especial.

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  5. Ana

    Me quito el sombrero. Porque, ademas de que es indiscutiblemente hermoso lo que escribes, tengo dos hijas y sé lo difícil que es plasmar con palabras lo que se siente por ellas.
    Y sí, a mi tambien me preocupa mucho lo que significa ser mujer en el SXXI. Tenemos mucho que pelear. Un beso

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    1. Ana Paniagua Autor del artículo

      Ay tocaya, toda la vida batallando. Tener hijas es especial. Nada me haría más feliz que poder contarle cuando sea mayor que mujeres reales fuimos capaces de hacer de su futuro algo más conciliador. Pero para eso necesitamos más mujeres valientes que se atrevan a dar pasos al frente. ¡Y hombres con más empatía! -Mi moreno tiene mucha, conste, eh?-
      Manifíestate más por aquí, Ana. Me ha gustado leerte. Otro beso.

      Responder

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